Árbol genealógico de los dioses griegos para botánicos - El Món d'Ahir | Revista d'història d’autor

José Simón Palmer

Árbol genealógico de los dioses griegos para botánicos

© Giovanni Caselli

SE TRATA DE UN QUERCUS ROBUR (vulgo: roble) en el que en vez de bellotas hay, entre las típicas hojas lobuladas, unos retratos de perfil de los dioses griegos insertados en marcos ovalados. Ellos lucen frondosas barbas y cabelleras; ellas, elegantes tocados: cintas, coronas, redecillas… Los semblantes son enigmáticos, salvo uno que está a la izquierda de quien mira, en la parte superior, sobre el sombrero de alas anchas de Hermes, su progenitor. Está escrito en su cara que lo suyo es perseguir por los montes a las muchachas y a las ninfas. Según las malas lenguas, su aspecto y su manía persecutoria podrían deberse a un origen no divino: un pastor y una cabra.

Al pie del roble, entre ensortijadas raíces, en el lugar que probablemente ocupaban antes dos bellotas caídas en desgracia, descansan Urano, el Cielo, que nunca estuvo tan bajo, y Gea, la madre Tierra. No se le nota en la cara, pero él está castrado. Le cortó los testículos su hijo más joven, Cronos, con una hoz que le proporcionó su propia madre. Estaba harta de que su esposo, temeroso de su abundante prole, mantuviera encerrada a su descendencia dentro de su enorme cuerpo. Una vez libres, Cronos y sus hermanos, los Titanes, se hicieron con el dominio del mundo y el poder quedó en manos del primero. Fue entonces cuando se subieron a las ramas del roble.

Cronos y su hermana y esposa, la Titánide Rea, están frente a frente entre dos gruesas ramas verticales que se entrecruzan en el costado derecho del árbol. A la izquierda, sobre el tronco y la rama inferior, se reparte la primera generación de dioses, que ellos presiden: los Titanes y las Titánides y los descendientes de sus fraternales coyundas. A uno y otro extremo de la rama están Océano y Tetis, que tuvieron tres mil hijos y otras tantas hijas. A diferencia de las demás parejas, no están juntos. Dice Homero que riñeron; para que digan que los hijos unen a los padres. Dos Titanes de la segunda generación destacan por su aspecto: Helios, con sinuosas llamaradas en torno a su cabeza, y el barbilampiño Prometeo, el benefactor de la humanidad, con signos de extremo agotamiento, debido, pro- bablemente, al exceso de bilirrubina en la sangre por el estado lamentable de su hígado. Cronos y Rea tienen el entrecejo fruncido. Ese matrimonio no funciona. Es natural, a ninguna madre le gusta que su esposo se coma a sus hijos. Los padres de Cronos le habían anunciado que un vástago suyo le arrebataría el poder, y a él se le ocurrió devorarlos según iban naciendo. Pero la astucia de Rea —esa piedra envuelta en pañales…— y la audacia del primer hijo superviviente de aquellos banquetes, que hizo vomitar a Cronos a sus hermanos —«prueba esta medicina, papá—, desencadenaron la rebelión triunfal contra la primera generación divina: otra vez el padre destronado por el hijo.

Més

Aquest article pertany al número que dedica el dossier a "Grècia (37)".
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