Carlos Zanón

Asalto al tren

Michael Ochs Archives / Warner Brothers / Getty Images

SER UN FORAJIDO gana crédito y prestigio con los años siempre y cuando el forajido cuente con bardos afines a la empresa. Es por ese motivo, la vanidad y la gloria, por lo que los capos de la droga muestran sumo interés en controlar qué se dice y cómo se dice en los narcocorridos. Un interés que, de verse truncado o frustrado, puede acabar siendo pagado por el musico. Incluso con la muerte. El arte ha sido pergeñado por gente de salón, casa de muñecas y habitación propia, gente de letras y pensamiento, abollada e inútil para la acción, ajena al manejo de manos y piernas para modificar su entorno, roturarlo, cambiar la situación —la suya, la de su comunidad— a golpe de puño, pistola o bomba. Todo forajido es un defensor de su justicia. El mundo no le ha dado lo que quería y él, sin otra alternativa, lo coge por sí mismo. Cualquier cosa antes que buscar trabajo y esposa. Por todo ello, a lo largo de la historia, todo forajido ha sido un hijo de puta cobarde y abusón. La razón de que nos parezca deseable un corsario, un bandolero, un atracador de bancos y los veamos como rebeldes defensores de su individualidad y enemigos del orden establecido es solo porque, por fortuna, ya no convivimos con ellos. Pero sí, claro, nos encantan sus historias, las mismas historias que vemos en películas y teatros, que escuchamos en canciones y leemos en libros. Sin embargo, en tiempo real no somos tan flexibles con los fuera de la ley. Aquellos corsarios, aquellos cowboys, aquellos rebeldes escondidos en la montaña, aquellos insurgentes son nuestros terroristas islámicos, nuestros depredadores sexuales, nuestros traficantes de droga, nuestros timadores y puteros, sí, todos estos. ¿A que ya no nos hacen tanta gracia?… Pues seguramente dentro de unos años, alguien los revisitará —con los narcos ya está sucediendo aquí y ahora— y les dará esa pátina romántica que nos puede una y otra vez, el héroe como agitador de la monotonía, como tipo que se resiste a creer que la muerte existe y a aceptar que la banca siempre gana.

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Aquest article pertany al número que dedica el dossier a "Trens".
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